Mario llegó muy cansado a casa después del colegio. Su mamá le preparó un par de galletas y un vaso de leche que había sacado del frigorífico un rato antes. Cuando se lo tomó, se acostó en el sofá envuelto en varias mantas. Al despertarse, recordó que tenía unos deberes pendientes y cuando se disponía a hacerlos su mamá, compungida, le dijo que no podría ser ya que ya había oscurecido y no podían encender la luz. En ese momento, Mario no supo si los escalofríos que tenía se debían al frío que tenía, porque al día siguiente llegaría a la escuela sin sus obligaciones hechas, o por ambas cosas a la vez.